El nombre de Sullana

Por Carlos Arrizabalaga Lizarraga (*)
Una historia poco común
El nombre de Sullana aparece mencionado en los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega, lo que parecería demostrar, al decir de Reynaldo Moya, que "la región de Sullana era conocida con esa denominación" ya a fines del siglo XVI en que Garcilaso emprende la redacción de su obra cumbre. Sin embargo, ningún otro cronista conoce o registra este topónimo y parece extraño que Garcilaso pudiera saber algo que todos ignoraban cuando además el cuzqueño desconocía mayormente estas regiones norteñas.
Es sabido que Sullana fue fundada con el nombre de Santísima Trinidad de la Punta o El Príncipe por la "actividad del celo pastoral" del obispo navarro Baltasar Martínez Compañón, en 1783, en tierras de la hacienda de los hermanos Del Castillo, a quienes los moradores se comprometían a pagar una gallina por vivienda de renta anual. El alcalde de naturales, sin embargo, fue depuesto a iniciativa de los vecinos criollos a resultas de la Constitución de 1812, que ordenaba que los pueblos se reunieran en "ayuntamiento constitucional", que en 1813 hacía ya competencia al de Piura, por lo que se anula al año siguiente. Una vez proclamada la independencia en 1821, los criollos volvieron a instalar un cabildo en La Punta vacando al alcalde de naturales Manuel Lupu (que fue injustamente encarcelado por unos meses) y proclamando alcalde a Fancisco Maldonado, como muy bien relata Miguel Arturo Seminario Ojeda. Las cosas no pararon allí y los pleitos continúan hasta que en 1826 Andrés de Santa Cruz resuelve proclamar villa a la población de La Punta con el nombre de Suyana en respuesta a un pedido del cabildo del 22 de octubre de 1822 en que argumentaba que la población, con unos cuatro mil habitantes, merecía ser elevada a la condición de villa para gobernarse por un cabildo propio. El pedido fue canalizado a través del congresista piurano Tomás Diéguez. Seminario Ojeda añade que todavía en 1827 algunos documentos aclaraban: "la Punta, hoy Sullana", consignando a veces Zullana, Zuyana, Subyana... hasta fines del siglo XIX.
Santa Cruz fungía como presidente del Consejo de Gobierno en sustitución del Libertador Bolívar, que había viajado a Colombia para sofocar la rebelión de Santander el 2 de septiembre de aquel año. En poco tiempo Santa Cruz había resuelto numerosos asuntos pendientes, por decreto, a veces con la sola presencia del ministro del ramo si aquello no merecía mayor discusión (como la fundación de la Casa de Maternidad de Lima que Hipólito Unanue propusiera en 1808). Según Basadre, Santa Cruz "se prestigió en su puesto revelando sus dotes administrativas". En esos meses la intendencia de Trujillo pasó a llamarse Departamento de La Libertad, y la ciudad de Huamanca pasó a llamarse Ayacucho. Sin duda un nuevo nombre para la naciente villa fue una manera excelente de dejar atrás los conflictos vecinales.
Santa Cruz era natural de La Paz (Bolivia) pero había permanecido en la provincia largos meses en las guerras de independencia. San Martín lo envió a las órdenes de Torre Tagle en 1820, y éste le encomendó las funciones de gobernador de Piura con el encargo de apoyar a Bolívar en la independencia de Quito. Organiza un cuerpo de ejército piurano que participa en la victoria de Pichincha, por lo que Bolivar lo premia con el rango de general. Luego es superado por los realistas en Zepita y se retira a descansar a Piura en diciembre de 1823 señalando que tenía "muy mal estado de salud" y necesitaba disfrutar del temple de Piura. Firma cartas desde Piura y La Punta todavía en enero de 1824 pero Bolívar lo reclama de nuevo para la definitiva victoria de Ayacucho.
¿Por qué Santa Cruz bautizó a la población con el nombre de Suyana? Algunos han especulado que se llamó así por ser un "abrevadero" o "sitio de espera" ya que "suyay" es el verbo "esperar", "aguardar" en quechua. Sullana, en cambio, podría traducirse como "lugar donde hay rocío" ya que "sulla-sulla" es rocío, escarcha, espuma (agradezco al profesor Ricardo Huamán estas aclaraciones). Ambas raíces se consignan con este sentido en el diccionario quechua del jesuita González Holguín (1608). Von Tshudi afirmaba así, algo imaginativamente, que Sullana significaba "campo de vegetación cubierto de abundante rocío". Mariano Paz Soldán piensa que sería genitivo de sullu, "aborto o nacido antes de tiempo", significado que resulta inaplicable. Germán Leguía y Martínez quiso derivarlo de "sapullanas" o "sayacuyanas" variantes que trae Cieza de León del término "capullanas", con que varios cronistas y documentos de la época nombran a las mujeres que gobernaban a los tallanes. Miguel A. Seminario Ojeda es el único que ha advertido que el Inca Garcilaso "a Sullana la sitúa en lo que corresponde a la Solana", tras defender en un artículo en diario Correo, en 1985, que "Sullana es Solana", aunque aún rechaza la idea de que Garcilaso hubiera confundido la escritura de Solana, tal que "el primer peruano tuvo razones para escribir Sullana y no Solana para referirse al mismo lugar geográfico". Pero la verdad es que nunca hubo una Sullana quechua en el valle del Chira (menos aún una urbe tal como la imaginó Juan José Vega), porque tal lugar se ubicaba en el actual distrito de Lancones (donde hoy existen Huasimal de La Solana, Solana Alto, Solana Bajo y Solanilla).
La sombra de Garcilaso es alargada
Garcilaso menciona a Sullana en el capítulo segundo del libro nueve, en que narra cómo Huaina Cápac redujo "diez valles de la costa" que, según la idealización del inmortal mestizo cuzqueño, "holgaban mucho ser vasallos del Inca y obedecer sus leyes y guardar su religión". Los nombres con los que los menciona merecen nuestra atención: "son Zaña, Collque, Cintu, Tucmi, Sayanca, Mutupi, Puchiu, Sullana". Más adelante menciona nuevamente "el valle de Sullana (que es el mar cercano a Túmpiz)".
El gran discípulo de Porras Barrenechea, el investigador Carlos Araníbar, comenta que al enumerar estos valles Garcilaso no hace otra cosa que repetir la relación ofrecida cincuenta años antes por Cieza de León (1553) de los valles por donde pasa "el camino real de los incas". Garcilaso convierte la relación geográfica en un relato bélico y quechuiza sistemáticamente todos los topónimos consignados por "el príncipe de los cronistas". ¿Y por qué Garcilaso cambiaría los nombres originales? Garcilaso parte de la falsa presunción de que los españoles se equivocaban al escribir los nombres de las cosas del Perú pues desconocían mayormente la lengua quechua, y los que la conocían la habían aprendido en la costa, donde no se hablaba el verdadero quechua del Cuzco sino dialectos que desde su punto de vista eran "corrupciones", como el que describe Fray Domingo de Santo Tomás (1560), quien fuera el principal informante de Cieza de León para todas estas cosas.
Los españoles decían lúcuma cuando la fruta se llamaba en realidad rucma, hablaban de Paulo Inga cuando se referían a Paullu Inca, y así sucesivamente. Lo que desconocía Garcilaso (y muchos que lo siguen a pies juntillas) es que los españoles escucharon primero el hoy desaparecido quechua costeño, bastante diferente del quechua sureño hablado hasta hoy en el Cuzco. Y lo que desconocía también es que los términos que menciona Cieza en la Crónica del Perú: Tumbez, Solana, Pocheos, Motupe, Xayanca, Tuqueme, Cinto, Collique, Zana, y Pacasmayu (capítulos 57 y 58), no son quechuas en su mayor parte, sino mochicas y (muy posiblemente) tallanes.
Cuando Cieza escribe Collique (que en mochica significa "pozo en la arena para almacenar comida"), Garcilaso cree que se trata de una deformación de "Collque", (en quechua significa 'plata', 'moneda'. El término Xayanca lo cambia por Sayanca, sin duda porque explicar su etimología desde el quechua: jayay, 'llamar', resultaba menos verosímil que hacerlo desde sayay 'permanecer de pie'. Cuando Cieza registra: Tuqueme, Motupe, Cinto..., Garcilaso quechuiza: Tucmi, Mutupi, Cintu... Cuando Garcilaso cree corregir una deformación hecha por el cronista español (las variantes eran muy frecuentes), en realidad está deformando él mismo cada uno los términos para que "parezcan quechuas" sin serlo (salvo, por supuesto, "Pacasmayo"), a modo de "ultracorrección". También lo hace en el caso de "Caxamalca" (del quechua norteño "casha", 'espina'), que según él se debía escribir (en quechua cuzqueño) "Cassamarca" (de "cassa", 'frío'). Esta actitud la mantienen algunos puristas como Espinoza Galarza, para el que el antiguo nombre de "Túcume" sería "Tucmi"... Que además no provendría del quechua tuku, 'lechuza' como se ha pretendido en ocasiones, sino de un término mochica: "tok", 'hogar'.
"Desde este valle de Tumbrez (sic) se va en dos jornadas al valle de Solana, que antiguamente fue muy poblado (...). Saliendo de Solana se allega a Pocheos, que está sobre el río llamado también Pocheos", dice Cieza. Garcilaso invierte el orden y quechuiza los topónimos: Puchiu, Sullana y Tumpiz. Evidentemente los términos que recoge Cieza no son quechuas ni significan nada en quechua. Su forma se presentaba con variaciones en los distintos cronistas: "el río que llaman de Puechos o de la Chira", escribe Agustín de Zárate (1995: 30). También Gómara registra la forma Puechos, mientras que Oviedo había escrito Puecho. Es Francisco de Jerez (cuya crónica no leyó Garcilaso) quien escribe Poechos, nombre que se repite en documentos posteriores. El quechua no presenta vocales medias en su sistema fonológico (no distingue e ni o), ni tampoco de la consonante lateral alveolar ele. Garcilaso debió entender que el extremeño había oído mal los términos y los nombres Pocheos y Solana, a su modo de ver, debían ser Puchiu, (puquio, 'manantial'), y Sullana ('lugar donde hay rocío').
Garcilaso no registra el nombre real de esos valles, sino que busca la "verdadera forma" (esto es, en quechua cuzqueño) con que debía pronunciarse aunque ni siquiera eran términos quechuas, sino tallanes. El nombre de Sullana fue una creación original de Garcilaso, una creación literaria exacerbada por el amor a su patria y la constatación de que los historiadores españoles se equivocaban con frecuencia al hablar de las cosas del Perú. Pero Garcilaso tampoco se libró de cometer las mismas equivocaciones. No es que "la ciudad de Sullana reivindicase su nativa denominación" al iniciarse la Independencia, sino que la localidad adoptó un nombre literario que sólo había existido en la mente de Garcilaso, que ni incas, ni tallanes ni españoles nunca habían escuchado tal como Garcilaso se lo imaginó muchos años después de haber dejado su tierra natal.
¿Y cómo es que en los inicios de la República se decidió rescatar un topónimo con que nunca se había designado lugar alguno para renombrar a la población de La Punta y convertirla en la Villa de Sullana? Sin duda alguna el prestigio del Inca Garcilaso y la notoria difusión de sus Comentarios, hicieron posible que Andrés de Santa Cruz acogiera la idea de rebautizar la conflictiva localidad con un nombre aunque fuera literario. En aquella época nadie hubiera dudado de su autenticidad, dado que los Comentarios Reales tenían un prestigio mítico. Vizcardo y Guzmán hablaba con fervor del "verídico Inca Garcilaso de la Vega". Era lectura obligatoria en los centros de estudio yestaba en todas las bibliotecas. Garcilaso era citado profusamente en autores como Llano y Zapata, Ignacio de Castro y muchos otros asiduos lectores del Inca, que despertó siempre una "especial simpatía hacia la historia incaica" también en los extranjeros que acuden a luchar por la Independencia.
Quedan aún algunas cosas por aclarar, por ejemplo, el motivo por el que Garcilaso no cita el valle del Piura, a pesar de que Cieza lo menciona claramente (en el capítulo 59): "Dos jornadas más adelante de Pocheos está el ancho y gran valle de Piura adonde se juntan dos o tres ríos, que es causa que el valle sea tan ancho en el cual está fundada y edificada la ciudad de san Miguel. (...) Al principio estuvo poblada en el asiento que llaman Tangarara: de donde se pasó por ser sitio enfermo". Tal vez el motivo del lapsus sea porque al inicio del capítulo 59, Cieza de León pareciera ubicar a la ciudad de San Miguel en el valle de Tumbes (capt. 59): "La provincia, pueblos y comarca destos valles de Tumbes por naturaleza es sequísima y estéril, puesto que en este valle algunas veces llueve, y aun allega el agua hasta cerca de la ciudad de San Miguel."Por último, el nombre de Sullana conoció algunas variantes gráficas. Santa Cruz, en el decreto mencionado, escribió Suyana, probablemente porque escuchó la pronunciación yeísta de los costeños (mientras él era natural de La Paz y distinguía perfectamente la pronunciación de elle frente a ye). Ventura García Calderón escribe Zullana en su Diccionario (1879) aunque también registra dos veces la forma Sullana que definitivamente se impuso, sin duda porque ésa era la forma en que aparece en los Comentarios de Garcilaso. Podría decirse que el nombre de Sullana se creó por error, aunque sería más adecuado concluir que el término fue una auténtica creación literaria, como lo es en su conjunto toda la genial obra del primer escritor peruano. Garcilaso puso su nombre a la ciudad de Sullana, aunque tal designación tuvo un lapso de doscientos cuatro años desde que apareció en el texto hasta que se hizo realidad.
* Profesor de la Facultad de Ciencias y Humanidades. Universidad de Piura. Artículo publicado en el diario Correo, viernes 26 y sábado 27 de octubre de 2007.

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