CUENTOS CHINOS Y EL DISFRAZ DE PRESIDENTE

 

He leído mucho en redes sociales que José Jerí, al bajar de ese auto oficial con la capucha puesta, parecía estar disfrazado de "pirañita". La imagen es potente, sí, pero creo que el análisis es incorrecto. La realidad es mucho más cruda: José Jerí no se disfrazó de pirañita esa noche; José Jerí es un hombre que lleva poco más de tres meses disfrazado de Presidente de la República. Y lo peor de todo es que ese disfraz le queda inmensamente grande.

 

Lo que hemos visto esta semana supera cualquier guion de ficción. Ver a quien personifica a la nación escabulléndose en un chifa a puerta cerrada, escondido bajo una capucha, es una imagen que debería darnos vergüenza ajena. Pero hay un detalle en esa escena que merece mayor atención. Ese pequeño bolso pegado al cuerpo con el que el presidente ingresó a reunirse con el empresario Zhihua Yang. Y la pregunta es inevitable ¿Qué llevaba ahí? ¿Qué había adentro de ese morral? ¿Acaso los expedientes de las cámaras de seguridad que la ATU quiere comprar por 112 millones? ¿O quizás algo más denso, algo que no podía pasar por los registros de Mesa de Partes de Palacio?.

 

Y luego, el teatro de lo absurdo. Un mensaje a la nación grabado y emitido a las 2 de la madrugada. ¿A quién le habla un presidente a esa hora? A la conciencia sucia, quizás. Salir de madrugada a pedir "disculpas" por un "error" es insultar nuestra inteligencia. Reunirse a escondidas con proveedores del Estado, acompañado del ministro que maneja el presupuesto de la Policía, no es un "error de protocolo". El tráfico de influencias no se disculpa con un video editado; el tráfico de influencias es un delito. Y en un país que se respete, los delitos no se perdonan, se investigan y se sancionan.

 

Pero no contento con el chifa, ahora sabemos que hubo una segunda reunión. El presidente acudió al "Market Capón" en el Centro de Lima, un local que la Municipalidad había clausurado apenas unas horas antes por infringir la ley. Piénsenlo un segundo: el Presidente de la República entrando a un local clausurado, violando la autoridad municipal, gestionando intereses privados "de favor" para que su amigo vuelva a operar. ¿La excusa oficial? Que fue a comprar "caramelos chinos". Por favor, no nos falten el respeto. Eso ya no es torpeza, es prepotencia. Es la sensación de que la ley es para los tontos, no para ellos.

 

Lo más indignante es el mareo de las versiones. Primero, que era por la "Amistad Perú-China". Luego, que tenía hambre. Después, aparece el Ministro del Interior en la escena. Ha cambiado tantas veces de versión en una semana que esto ya es idéntico al caso de los Rolex de Dina Boluarte. Esa misma incapacidad para decir la verdad, esa misma torpeza para encubrir lo evidente.

 

Ahora preguntémonos, si José Jerí es capaz de encapucharse, esconderse y tramitar reaperturas de locales clausurados siendo Presidente, con toda la prensa encima... ¿Cómo habrá actuado cuando era "solo" un congresista? ¿Cómo se comportaba cuando presidía la Comisión de Presupuesto, sin cámaras siguiéndolo, sin focos alumbrándolo? Si así actúa en la cima, su paso por el Parlamento debe haber sido un festín de acuerdos bajo la mesa. el régimen, del presidente interino, ha resultado ser más turbio que la capucha que usa para entrar a escondidas.

 

No lo olvidemos: a José Jerí le cayó la presidencia con dos tareas clarísimas: asegurar una transición ordenada y enfrentar la ola de delincuencia. No ha cumplido ninguna. En lugar de perseguir a los extorsionadores, se escabulle encapuchado para cenar con proveedores. El Congreso tiene una responsabilidad histórica y urgente: debe censurarlo. José Jerí debe ser retirado de la Mesa Directiva y, por ende, de la Presidencia encargada. Los congresistas tienen la obligación de buscar, por consenso real, a alguien que no tenga que esconder la cara para gobernar. Necesitamos a alguien que garantice que llegaremos a las elecciones sin que el Palacio de Gobierno se convierta en una sucursal de negocios privados.

 

Sin embargo, a pesar de la indignación, quiero terminar con algo positivo. Esta crisis, tan vergonzosa y patética, nos está haciendo un favor: nos está quitando la venda de los ojos a pocos meses de las elecciones. Los políticos como Jerí pasan; sus capuchas y sus mentiras tienen fecha de caducidad. Lo que queda somos nosotros, y esta vez, la lección está aprendida. Cuando lleguemos a las urnas en abril, vamos a limpiar la casa y recuperar el futuro que nos están robando. Porque después de ver esto, ya sabemos exactamente por qué partidos y por qué tipo de gente no debemos votar nunca más. El Perú merece mucho más que un presidente encapuchado.

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